(Gen 32:11) qué poco merecía yo todas las mercedes y toda la confianza que has dado a tu siervo! Pues con solo mi cayado pasé este Jordán y ahora he venido a formar dos campamentos.
jueves, 20 de septiembre de 2012
Yo, Ya'akov אני יעקוב
Y la eternidad, apenas y será el tiempo requerido para alcanzar ese objetivo.
miércoles, 19 de septiembre de 2012
Gracias Padre
sábado, 15 de septiembre de 2012
Hola...
viernes, 14 de septiembre de 2012
¡NOTICIA DE ÚLTIMA HORA: Dios existe!
viernes, 31 de agosto de 2012
Quizá tengas razón...
(Joh 4:24) "Dios es Espíritu. Y los que lo adoran, deben adorarlo en espíritu y en verdad".
(Rom 1:25) Cambiaron la verdad de Dios en mentira, y adoraron y sirvieron a las criaturas antes que al Creador, que es bendito por los siglos. Amén.
(Joh 17:3) "Y ésta es la vida eterna, que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo a quien tú has enviado.
Quizá tengas razón. Quizá así sea: tal vez ni remotamente me he aproximado a la verdad. A la única verdad, la verdad que me indique ¿Qué hago aquí? ¿Qué hacemos aquí todos: ustedes, yo, el cielo, el sol, las galaxias, los pobres, los despojados, los "endemoniados", los "justos", los inmorales, los ricos, los religiosos, los Científicos, los agnósticos, los hijos de Russell, las iglesias, Roma, Babilonia, los venados, los canes, los delfines… Los Osos de Chicago… el Nuevo Orden, las partículas sub-atómicas, la Física Cuántica… los Judíos, los Católicos, los "Dioses", y las "Diosas", el tiempo infinito. Los Agujeros Negros. La Gnosis, las Religiones… Quizá todos los profetas sean como José Arcadio Buendía, y el final del Libro de la Vida, sea como está escrito en "Cien Años de Soledad" de Gabriel García Márquez. O irreal y producto de la imaginación, como nos insinúa Jorge Luis Borges en su literatura extraña, mágica y sofisticada. Quizá sea verdad lo que está escrito en Colosenses 1:16… o quizá Jehová es un Demiurgo. Y el amor de DIOS solamente es un slogan de propaganda para aumentar la dosis de opio, sin que lo notemos, y sigamos soñando en que viene la Justicia de DIOS sobre los malos, y la recompensa sobre los "escogidos" entre tanto que unos cuantos "privilegiados" nos siguen ¡Jodiendo la vida!
Quizá, predicamos para que la vida se haga menos miserable a aquellos que solo esperan consuelo sin esforzarse para nada, ni buscar nada. Quizá Jesús es el Hijo de Dios, y somos tan malvados que lo rechazamos como lo hicieron los fariseos y los saduceos. Quizá nuestros bajos apetitos (llamarlos instintos animales, sería ofensivo para las bestias) llamados concupiscencias [del latín concupiscentĭa] de la carne, es lo que nos lleve a sentir apego por "la vida", y miedo por la muerte. Y la culpa, es la verdadera razón de ser de "dios".
Quizá los hombres de Ciencia modernos, solo son modernos Alquimistas en la búsqueda de la "Piedra Filosofal" para transmutar el plomo en oro, y el "Elixir de la Vida". Dos cosas que los místicos, y los magos charlatanes y los "representantes y ministros de Dios" nos ofrecen por una antigua ruta alterna a la que nos marca la Medicina, la Física y la Farmacología.
Quizá tengas razón, y yo ni conozco al Mesías Hijo de Dios, o tú prediques al mito que forjaron los magos de la más remota antigüedad. A ese, que en Egipto se llamó Osiris, y en Sumeria Tammuz, o para los griegos Adonis, y que las legiones romanas adoptaron de Persia bajo el nombre de Mithra (y que conste que faltan otras advocaciones y avatares del mismo falso "hijo del Dios"). Quizá tu cristianismo sea más un mazdeísmo, ignorándolo tú. O tu Escatología esté fundada en conceptos gnósticos, o en esoterismo, que en la Verdad (y tú ni lo percibas). O la Verdad solo pueda ser percibida bajo condiciones extáticas.
Quizá la profecía sea simple adivinación, y se valga de conocimientos astronómicos, pues dice la Escritura que Dios puso las lumbreras para que fueran señal de los tiempos, el día y la noche. La guía necesaria para conocer los tiempos de siembra y siega de antiguas culturas agrícolas. Y que los sacerdotes convirtieron en rito y culto. En religión. De ahí que los intérpretes de la profecía al buscar señales en los cielos en realidad estén poniendo en uso la Astrología, sin que lo confiesen abiertamente.
Quizá engañados, hemos adorado a lo largo de siglos, a Satanás, pensando que nos postrábamos delante del verdadero dios. Y lo hemos llamado Baal, y lo hemos reconocido en glifos de los cuales buscamos desesperadamente conocer el significado y la pronunciación correcta porque encierran todo el poder del Universo.
Quizá en la desesperación que produce la injusticia y el abuso de los fuertes, esté el por qué necesitamos un mesías, "alguien" nos rescate y nos haga justicia. Y que al final termine por ser un falso mesías. Pero eso sí… mis errores en la búsqueda de la verdad, se los debo: a lo despreocupado que viví los años de mi vida, decepcionado por la hipocresía de los mojigatos y "persignados", y a estar convencido que podría hallar a Dios sin buscarlo teniendo "buenas intenciones" y "un buen corazón". Después, cuando ya interesado por buscar a Dios, lo que hallé fue confusión y mentira; mentira y confusión, y superstición e ignorancia, y que la "Casa de Dios" es un mercado donde todos hablamos a la vez y nadie se entiende, donde hay quien vende y quien compra "fe, perdón y vida eterna".
Hallándome solo en mi búsqueda, he venido dando tumbos, pasando por la misma criba: paradigmas y fe, temblando de miedo y de incertidumbre porque nada de lo que me enseñaron en las "Iglesias" se aproxima siquiera a la razón y la verdad. Desengañado porque mi "salvador" es una pálida sombra que se proyecta dentro de la cueva de Platón. Y Dios, como lo enseñan en las religiones y lo asientan las Escrituras, es un perverso Demiurgo, creador de un universo caótico e imperfecto. Y miedo ante la falta de certidumbre acerca del destino final de los hombres... Sin embargo:
¡Mira si no es Misericordioso y Real El que Es y Vive! Que a pesar de mi incredulidad, de la confusión, de comprobar en reiteradas ocasiones que todos desobedecen el mandamiento de Dios, quitando y poniendo a la Escritura; Que en medio de este profundo dolor, de la decepción y el miedo… ahora tengo paz. Y tengo paz. porque El vive. El es mi paz, y la fuente y sustento de mi vida. Esto, no sé cómo te lo podría explicar, pero. Es la verdad. Lo demás, es confusión de palabras, y vano esfuerzo, y aflicción de espíritu.
(1Ki 19:12) Tras el terremoto vino un fuego. Pero el Eterno no estaba en el fuego. Y tras el fuego, un silbo apacible y suave. (1Ki 19:13) Cuando Elías lo oyó, cubrió su rostro con su manto. Salió y se paró a la entrada de la cueva. Y llegó a él una voz que dijo: "¿Qué haces aquí, Elías?"
יעקב בן ציון
Carlos Fernando Herrera López
Médico.
lunes, 23 de abril de 2012
La Verdad
Amigo mío, o enemigo mío: Shalom leja. Shalom lekulam.
lunes, 16 de abril de 2012
Dios o ciencia.
miércoles, 11 de abril de 2012
¿A qué hemos venido?
domingo, 11 de marzo de 2012
Vende todo lo que tienes.

16 Entonces vino uno y le dijo: Maestro bueno, ¿qué bien haré para tener la vida eterna?
jueves, 8 de marzo de 2012
La vida y la muerte


Mirar detenidamente la foto de un neonato grave, orointubado, sondeado, multipuncionado, tan pequeño, tan indefenso, tan frágil, me hizo pensar profundamente en la labilidad de la vida, en la lucha intensa y dramática que batallan los enfermos. Y en la trascendencia del ejercicio médico, y del empeño y el leal esfuerzo del personal que le apoya: es a saber, las enfermeras, el personal de laboratorio de análisis clínicos, los de diagnóstico por imagen. Todos, como responsables directos del cuidado de los enfermos, grandes y pequeños. Sin dejar fuera al personal que se ocupa de las labores menos reconocidas y quizá menos agradables, pero no menos importantes, como el que realiza el personal de limpieza y los intendentes, y ordenanzas. Pero sobre todo, reflexioné sobre la vida, la muerte y Dios.
La vida y la muerte, los dos extremos de la existencia que podemos certificar. Procesos, sucesos, eventos, experiencias gratas o sufrimientos profundos, intensas emociones que atesoramos como lo mejor que podemos poseer, si bien lo inmaterial, lo meramente afectivo, son bienes tan inconmensurables, como efímeros, que atesoramos en un arcón virtual escondido en un lugar ignoto del corazón, o si se prefiere: de la mente, supuestamente asentado en alguna circunvolución del cerebro.
La vida y la muerte son esas intangibles sustancias, materia prima sobre la cual los médicos trabajamos afanosos. En ocasiones por amor al prójimo, en otras como un modus vivendi por el cual apostamos nuestra propia vida y esfuerzos. En otras, por mero orgullo y egocéntrica soberbia humana. Porque los médicos, somos humanos, y no ángeles, en el sentido místico de la palabra ángel. Ni apóstoles en el sentido religioso del término apóstol. Aunque si analizamos estos sustantivos, desde las palabras hebreas que las originan, respectivamente: [Malaj en el así conocido Antiguo Testamento; y Shliaj, en el Nuevo Testamento según se conoce en Occidente] ambos sustantivos son sinónimos en la práctica.
Entonces sí, los médicos: somos apóstoles (enviados) y también somos ángeles (es decir: mensajeros), en ocasiones de Dios, y en otras, solamente, agentes formados en Universidades, y en hospitales, a fuerza de desvelos, de renunciar a tener vida propia, familia, esparcimiento. Renunciando también a gozar del reposo corporal a horas biológicamente humanas. Al abdicar al yo, al interés personal, al justo emolumento, a la propia salud, al interceder a favor de otro, la Medicina, se vuelve sacerdocio, ministerio del cual el médico se convierte en diácono, tratando de impedir que el deudo, o el desahuciado, en su dolor o en su desánimo, pierdan la fe en Dios. Y es que solamente Dios, tiene en sus manos las llaves de la vida y de la muerte.
Por ello, el oficio médico es tan ingrato al final. Dudo que haya algún médico que no haya sido testigo alguna vez, de un enfermo moribundo, que sana contra todo pronóstico, en tanto que otro, a punto de sanar, muere repentinamente a pesar de recibir la mejor atención y cuidados de la Ciencia. Por tanto, el resultado final del quehacer del médico está más allá de sus conocimientos y destrezas, cuando es Dios, quien dictamina el resultado. Por supuesto que hay médicos más diestros que otros, así como hay abogados más capaces, u operarios más productivos, o secretarias más eficientes. Pero aun los médicos más prodigiosos y eminentes, verán con resignación, morir a más de un enfermo grave, una vez que se rebasan los límites del hombre.
La vida y la muerte, los dos extremos de un proceso al que denominamos existencia. Extremos que somos capaces de mirar objetivamente como una realidad que nos afecta. Proceso cuyo devenir, artificiosamente fortuito y caprichoso, es el resultado del concurso de factores aparentemente inconexos, aleatorios, de los cuales depende lo mismo: que una destreza superior se manifieste o que una enfermedad aqueje a un individuo. En tanto que los mismos factores conjugados de manera similar, no llevan necesariamente al mismo resultado en otro sujeto.
La vida y la muerte; nos debieran llevar a reflexionar que: aun poniendo en duda lo que las religiones pregonan y enseñan como dogmas incuestionables; la existencia tiene una razón de ser, que el conocimiento humano no logra desentrañar, y un propósito, que corresponde a cada cual definir conforme los dictados de su corazón y de su razón, al margen de toda insinuación mística enajenante, y de toda soberbia y necedad humana.
Dr. Carlos Fernando Herrera López
Médico
Es decir:
(Ya'akov Ben Tzyion)
Creyente



