lunes, 9 de marzo de 2009

El pecado de la resignación


Constantemente escuchamos que se predica instigando al rebaño a dejar los malos caminos. Y de inmediato se nos viene a la mente el tropel de pecados, (en realidad las prevaricaciones del pensamiento y las concupiscencias del alma) con los cuales suponemos estar trasgrediendo la Torah (instrucción) dada por el Eterno. Enseguida podemos pensar: ¿O será que los malos caminos que debemos dejar, se refiere a cosas como: no congregarse, no diezmar, la fornicación carnal, los celos, las envidias, las murmuración, etcétera?

Está escrito en la palabra que todo lo que no es de la fe es pecado (Romanos 14:23). Desde esa perspectiva, analicemos esto: Podemos estar diezmando sin "robarle a Dios", congregarnos sin faltar un domingo o a una sola reunión de las convocadas por el pastor entre semana; leer puntualmente teniendo por medida lo mismo un versículo que varios capítulos o inclusive llevar con exactitud el devocional diario. Podemos estar participando en la congregación detentando algún cargo o ministerio; podemos saludar con toda sinceridad del corazón, lo mismo a mi mejor hermano, que a mi más acérrimo enemigo. Y aun poner la otra mejilla.

Podemos perdonar con el perdón perfecto a quien nos ofende, haciéndolo en incondicional obediencia a la voluntad del Padre Eterno. Podríamos tener todo el amor con tal de no ser como campana que suena o címbalo que retiñe. Podríamos hacer la más grande obra, con la más profunda y perfecta humildad, dando la honra y la gloria a יהוה. Podrían pasar nuestras obras por el fuego sin consumirse; ¡Y aun así nosotros pudiéramos estar en pecado! ¡Claro! -me dirás- eso es por nuestra humana condición.



Recordemos una vez más que analizamos lo siguiente, como está escrito: Todo lo que no es de la fe, es pecado. ¿A dónde está tu fe, (o la mía) cuando vivimos en resignación (1), pero no en paciente y confiada espera? Cuando estamos en desaliento, y no en la paz que se desprende de saber EN QUIÉN hemos creído. Cuando no conocemos la paciencia de la fe, que es fruto de saber que ÉL ES FIEL y JUSTO, Y que para siempre ES SU MISERICORDIA.

Tú o yo, podemos engañarnos fácilmente -y de hecho constantemente lo estamos haciendo- enarbolando con palabras nuestra comunión con DIOS, y llevando el rostro apagado y el gesto de aflicción, en realidad calladamente estamos evidenciando nuestra resignación, y nuestra inminente caída en el abismo de la desesperación, en la pesadumbre o en la apatía, en la parálisis espiritual, y aun la física. Sin darnos cuenta que en el semblante y en el timbre de nuestras palabras se refleja nuestra ausencia de paz, y nuestra amargura. Y como Job, tácita y lastimosamente decimos: "Cuando esperaba yo el bien, entonces vino el mal; Y cuando esperaba luz, la oscuridad vino." Job 30:26

Actuar así, no constituye un acto de heroico estoicismo (2), ni significa que nos estamos negando a nosotros mismos. O que hemos aprendido a depender de YAHWEH en todo. Nos engañamos al suponer que la resignación, por ser una conducta sumisa, es la actitud que D'os espera que tomemos. Ser manso no quiere decir: ser pusilánime (3), sino dócil, es no ser renuente a la guía de YHVH mediante Su palabra, y la voz del Ruaj HaQodesh (Espíritu Santo). No es abandonándonos a la fatalidad de nuestra circunstancia; sino aceptando valientemente nuestra condición y el momento que estamos transitando, evitando quedar paralizados, por el desánimo (4), clamando al ETERNO con la certeza de que estamos siendo escuchados, y que la respuesta viene con toda seguridad.

¿Acaso es lo mismo arrodillarse delante de YHVH, que vivir de rodillas derrotado por nuestras aflicciones? La resignación es un engaño del diablo. La aceptación (5) es una postura distinta. La resignación envilece; la aceptación es una condición que nos puede capacitar para tener la decisión de intentar poner en práctica la acción que modifique la adversidad, con la confianza que יהוה nos ayudará a encontrar los medios que ÉL tenga dispuesto; y el tiempo exacto para cambiar nuestro lamento en danza.

La actitud resignada del creyente es la sutil modalidad que Satanás pone en práctica para engañarnos, haciéndonos pensar que si toleramos con resignación el sufrimiento, estamos siendo fieles a Dios. Nos hace suponer que confiamos pacientemente, confiadamente en la salvación; cambiando la Palabra de Poder, por palabrería vana, la espera en pasividad, lo cual resulta ser más pecado que virtud, más derrota que victoria, más en desconfianza que en fe, y: “Todo lo que no es de la fe, es pecado”.

Notas
(1) resignación s. f. Aceptación con paciencia y conformidad de una adversidad.

(2) estoicismo s. m.  Fortaleza y dominio sobre uno mismo, especialmente ante las desgracias y dificultades.

(3) pusilánime
1. adj. Falto de ánimo y valor para soportar las desgracias o hacer frente a grandes empresas:

(4) desánimo s. m. Falta de ánimo o de energía para hacer algo.
Diccionario Manual de la Lengua Española Vox. © 2007 Larousse Editorial, S.L.

(5) aceptación s. f.
1 Recibimiento voluntario de algo que es ofrecido.
2 Consideración de que algo está bien, es bueno o suficiente.
3 Admisión o conformidad con una cosa propuesta u obligada por otro.
Diccionario Manual de la Lengua Española Vox. © 2007 Larousse Editorial, S.L.

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