lunes, 27 de diciembre de 2010

Yo no tengo religión, tengo Un Padre



Yo no tengo religión. Tengo Un Padre: mi Hacedor, Poderoso, o como se dice en Hebraico: Elohim. Su naturaleza es insondable, su sabiduría es perfecta que diseñó la creación y la sustenta en orden, no en caos. Su grandeza sobrepasa todo lo conocido por la mente humana desde el microcosmos hasta el macrocosmos; en El, aun el Conjunto Universo es un subconjunto. Abarca también lo que nos resulta desconocido. Un Av (Padre) que es Eterno porque El Es, desde antes de los días y el tiempo. Nos observa desde lo alto de los Cielos de los cielos, y nos mira desde el interior de nuestros corazones, conoce nuestros pensamientos y nuestras intenciones aun antes que las palabras broten de nuestras bocas. Sabe todo de mí, y de todos los vivientes pues, Él diseñó a cada ser viviente con tan solo dos variedades de azúcar y cuatro bases nitrogenadas, haciendo combinaciones y permutaciones que la Ciencia, apenas recientemente ha venido descodificando, para conocer el genoma de cada especie. La luz, surgió del solo poder de su voz; la luz, ese enigma para el cual la Física aun no tiene una definición clara e inobjetable que nos explique qué es. Mi Padre mueve el cosmos con la pericia de un relojero experto, y lo sustenta sobre la nada visible, como no podría hacerlo mejor todo el conocimiento junto de los más sabios arquitectos, ingenieros y físicos, desde los sumerios hasta nuestros días.
Él me ama, no encuentro otra razón para entender que me haya traído a la vida en la forma humana, y no, bajo la forma de una hormiga por ejemplo. No digo esto, porque considere que la hormiga es inferior a mí, sino porque una hormiga no sabe que existe. Se afana sin descanso, obedeciendo a impulsos químicos, pero no entiende, no puede comprender para qué se afana. Los hombres –la humanidad- sí tenemos ese privilegio de saber que existimos. Mi Padre, mi Elohim, nos creó a los hombres a Su semejanza, por eso nos dio una mente creativa, un corazón con capacidad para amar, para dar, para ser fieles, justos, benignos, sabios, fuertes, misericordiosos. Y nos deja la autonomía necesaria para que podamos decidir ser a su imagen. Pero solamente Él es Elohim, y soberano sobre todos, y sobre todas las cosas, por eso le debemos reverencia y amor. Pues todos existimos, solo porque El nos sustenta. Siempre estoy en deuda con El, sea porque me aleje de su rectitud, y me hunda en mis necios apetitos. O simplemente, porque nunca podría pagarle el precio de mi vida.
En ocasiones no hablo con Mi Padre, algunas veces porque me olvido de la gratitud que le debo, por todo lo que de Él recibo, o algunas veces porque el silencio es la respuesta a mi voz, y otras, porque mi incredulidad ciega mis ojos. Y en muchas más, porque no me siento listo para estar en su presencia. Aunque nunca estoy fuera de su vista y de su alcance. Con frecuencia hago las cosas sin consultarle antes, a esta mala costumbre le debo la totalidad de mis desgracias y fallas.
Le amo a pesar de toda mi imperfección humana. Y El me ama, y en su misericordia, cubre mi desnudez. Pero me corrige como un buen padre corrige al hijo que ama. Un día tendré que darle cuentas en un balance final. Lo único que debo hacer, es ser un hijo obediente a su Padre. El nos habla al corazón. De su boca, no sale nada que no sea bueno. La religión no te enseña el camino a la verdad. Mi Padre (tu Padre), nuestro Hacedor: .
En la Biblia está escrito El Nombre de mi Padre, mi Elohim יהוה Baruj ‘U y Kadosh.

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